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Sinfonía de la destrucción

27 Oct

Considero que ciertos comportamientos no son naturales a todos los seres humanos, y esto es especialmente claro en niños pequeños o personas con deficiencias mentales y psicológicas.
Es por eso que las personas con síndrome de Down, por ejemplo, son catalogadas como “inocentes” debido a que no desarrollan procesos complejos de intereses y motivaciones, además de que es hasta la edad adulta que las actitudes egoístas o faltas de ética por lo general se asumen como ventajas de sobrevivencia sobre los demás, esto especialmente en sociedades individualistas como la nuestra.

Y por eso es que siempre me incomoda cuando escucho hablar a maestros de lo “salvajes” o “mal” que están los jóvenes, especialmente porque yo convivo con estudiantes adultos que son mucho peores: Tramposos, mentirosos, cínicos y envidiosos.
Los jóvenes dicen “desmadre” “cabrón” y “pinche” cada 20 segundos, pero al menos que tengan un problema de agresividad, es difícil que utilicen su tiempo para planear como fregar al de al lado.

Pero los chavos, al igual que los niños, tienden a realizar gran parte de sus acciones por imitación, ya sea de otros chavos o de lo que ciertos modelos adultos les parecen atractivos.

El “´fenómeno” de los ni-nis es un gran ejemplo, y ayer que tomé la mala decisión de ir a Parque Lindavista me di cuenta de el vacio tan terrible que están experimentando los jóvenes: Sus modelos son de consumo, sus actividades se reducen un esparcimiento sin propósito; el celular, los videojuegos para “probar” en las tiendas, las compras de chatarra hecha en China a precios estratosféricos ($200 pesos por algo que también se vende en las tiendas de $7 pesos).

Sin embargo, hay ciertos eventos que reivindican mucho la imagen de los jóvenes y de toda la especie humana, como el momento en que un hombre experimenta un nivel de plenitud y felicidad tan grande que quiere compartirlo con quienes le rodean, y más aún, que busca incorporar a la experiencia a algún miembro que no enfrenta igualdad de condiciones.
No trabaja para frenar a los demás ni para que no se saturen de la ocasión, se esfuerza por compartir ese instante en la cúspide, y a aquél que tal vez no soñó con llegar tal alto lo toma con sus propias manos y le corona como miembro honorario del crowd-surfing ante la curiosidad de los camarógrafos ahí presentes.

+k palabras

Esto es por lo que el animal racional demuestra esa fuerza que tradicionalmente se ha asociado con la superioridad del hombre: Ser capaz de trascender más allá de sí mismo.